Los consejos de Obi-Wan conducen a Luke Skywalker hasta la presencia de Yoda, el maestro jedi, que le instruye en el control de la Fuerza y le ayuda a enfrentarse a su destino.
Nacho Herrero - los40.com - Madrid 21-05-2005 13:40
Después de más de tres décadas de existencia, nadie puede negar que Star Wars es un fenómeno que podría calificarse de histórico. Desde el estreno de la primera entrega hasta el pasado día 18 de mayo, el día antes de la puestas de largo del último episodio, las cinco películas de La guerra de las galaxias, habían recaudado casi 3.500 millones de dólares sólo en concepto de taquilla. Pero el universo Lucas no terminaba ahí. Cómics, series de TV, videojuegos, camisetas, tazas y cualquier otro producto de merchandising se agotaban mientras los fans esperaban el fin de la trilogía que les había clavado en sus butacas.
El 11 de enero de 1982 comenzaba el rodaje que Harrison Ford pudo perderse. El equipo de dirección quería que Han Solo muriera al comienzo de la película.
"Tu padre fue seducido por el lado oscuro de la Fuerza (...) Cuando sucedió eso, el hombre bueno que era tu padre fue destruido"
Lucas tuvo una súbita iluminación ya que durante muchos meses la cinta se conoció como La venganza del jedi.
Con una pequeña fortuna amasándose lentamente gracias a las dos primeras producciones, y con un conglomerado de empresas con las que comenzaba a cambiar la concepción de hacer cine de ciencia ficción, todo estaba preparado para rematar la trilogía. Gracias al éxito de taquilla de sus predecesoras, al realizador estadounidense no le importó poner hasta el último céntimo del presupuesto para la filmación de La guerra de las galaxias Episodio VI: El retorno del jedi.
Y si ése fue su título final fue gracias a una súbita iluminación que tuvo Lucas ya que durante muchos meses la cinta se conoció como La venganza del jedi. El que ya comenzaba a ser conocido como El rey Midas por su fundamental peso en otra legendaria saga, Indiana Jones, también tenía claro que en esta ocasión tampoco se sentaría en la silla del director. Era el turno de Richard Marquand.
Este realizador, que había cosechado cierto éxito gracias a un par de títulos como El nacimiento de The Beatles (1979) y El ojo de la aguja (1981), tuvo que hacer frente desde el primer momento a las exigencias de no rebasar el presupuesto próximo a los 33 millones de dólares. Lo logró, pero gracias al exhaustivo control al que le sometió "tío George", que no aprobaba su manera de rodar la película.
El 11 de enero de 1982 comenzaba un rodaje en el que Harrison Ford corrió serio peligro de perdérselo, ya que la mayoría del equipo de dirección quería que Han Solo muriera al comienzo de la película. Pero Lucas tenía claro cuál era la primera secuencia de su saga.
El impresionante paraje donde se ubica el palacio del infecto Jabba el Hutt, incluyendo el desierto donde habita el sarlacc, era el escenario perfecto para una de las mejores secuencias de acción. Sorprendía ver a un Luke Skywalker tan poderoso. Se prepara, casi desde los primeros fotogramas, el desarrollo de la batalla final.
Por primera vez en los últimos seis años todo parecía marchar según lo planeado. De hecho, el proyecto de filmar con una steadycam a un fotograma por segundo en los bosques de secuoyas de California, dio como resultado final la trepidante persecución de los entrañables ewoks y los soldados imperiales sobre las "motos" speeders.
No sólo en 2005 se va a dar la despedida a Star Wars. Ya en 1982, a medida que la filmación del Episodio VI iba llegando a su fin, el equipo implicado en el rodaje comprendió que el telón que marcaba el final de una leyenda estaba a punto de caer. El primero en despedirse fue Yoda que, poco antes de volver a unirse a la Fuerza, le reveló a Luke el secreto de su nacimiento múltiple.
El destino de la familia Skywalker se acercaba a su fin mientras que George Lucas ya se encontraba inmerso de lleno en la supervisión del día a día que no quería dejar en manos de Marquand. Desde ese momento hasta el final, el sabor épico de la trilogía comenzó a desbordarse. Primero en un apoteósico diálogo entre Luke y Obi-Wan que no tiene desperdicio:
"Ben, ¿por qué no me lo dijiste?"; "Tu padre fue seducido por el lado oscuro de la Fuerza. Dejó de ser Anakin Skywalker y se convirtió en Darth Vader. Cuando sucedió eso, el hombre bueno que era tu padre fue destruido".
Y después con la batalla final entre el Imperio y la Alianza rebelde personificados por Darth Sidious y Luke, respectivamente. De nuevo, en el final de la trilogía volvía a existir un sabor agridulce, con el arrepentimiento y redención de Anakin Skywalker que completaba un ciclo y significaba el The end definitivo de casi una década de trabajo.
El estreno tuvo lugar el 25 de mayo de 1983 y los 6,2 millones de dólares obtenidos supusieron un récord de recaudación para el primer día de proyección de una película. A día de hoy es la vigesimoséptima película más taquillera de la historia en todo el mundo superando los 572 millones.
¿El final? No, aún quedaban cosas pendientes.

