El trío descubre Playing the angel
TXEMA VALENZUELA - los40.com - Madrid 22-08-2005 15:46
Un viaje que abarca el pasado y apunta a un posible futuro. Eso es ‘Playing the angel’, el álbum con el que Depeche Mode celebra sus 25 años de carrera. El disco, producido por Ben Hillier y grabado entre Santa Bárbara, Nueva York y Londres, entra poco a poco. Los primeros cinco temas hacen relajarse al oyente, que puede llegar a pensar que los reyes del pop electrónico han decidido volver a los 80, pero después la cosa se complica y los temas van pidiendo una segunda escucha.
Las guitarras ligeras y las ráfagas de distorsión que salen de los sintetizadores analógicos empleados en este disco van dando paso a unas atmósferas más elaboradas y mucho más oscuras al pasar del corte cinco, el single Precious. A partir de ahí ya dominan el ambiente espeso y los tiempos lentos acompañados por sonidos imposibles que rodean melodías menos digeribles en una primera escucha. Es esta segunda parte del álbum la que, quizá, gustará más a los fans más acérrimos de la banda.
El disco saldrá a la venta en unos meses, pero los seguidores del grupo ya se pueden ir preparando. Eso sí, que nadie espere un disco para bailar alegremente en las discotecas. El dolor y el sufrimiento siguen siendo los temas de referencia de Depeche Mode, así que conviene disfrutar del álbum en una habitación sin ventanas ni balcones, sin objetos cortantes ni somníferos al alcance de la mano. A veces se puede sacar algo bueno de los ambientes depresivos.
| A saint that I’m used to | Sonido industrial con una melodía en el estribillo que recuerda a los primeros Depeche |
| John the revelador | Se queda a la primera. Es lo que uno espera de la banda, un claro candidato a single |
| Suffer well | La voz, doblada varias veces, entona una melodía de terciopelo en un ambiente muy oscuro. Es la primera de las canciones que David Grahan firma en este disco |
| The sinner in me | Medio tiempo contundente con un final largo y agónico |
| Precious | Un riff de sintetizador marca la pauta en una canción en la que las guitarras también tienen algo que decir. Sorprende que elijan un single con un estribillo tan largo |
| Macrovision | Aquí canta Martin Gore. Quizá es el corte más flojo del álbum. |
| I want it all | Es la balada del disco. Las guitarras suenan de fondo y la melodía se queda fácilmente en la cabeza. También la firma David |
| Nothing imposible | Medio tiempo mareante, muy, muy oscuro, compuesto también por el cantante |
| Introspective | Instrumental que se ajusta perfectamente a su título. El sonido sintético de las gotas de agua suena durante algunos cortes más |
| Damaged people | Sobre un fondo lleno de matices se impone la voz doblada mil veces de David, que entona una melodía de pop elegante en un ambiente opresivo |
| Lillian | Es la canción que “anima” la segunda parte del álbum. La voz suena distorsionada. Es otra clara aspirante a single |
| The darkest star | De su letra sale el título del disco. El ritmo es lento y su melodía es absolutamente siniestra. Los ruidos de sintetizador alargan la canción hasta cerca de siete minutos |

